ALGO CESAR VALLEJO

IMPRESONANTES Y BELLOS, LOS POEMAS EDITADOS,EN UNA FECHA DE MEDITACION, COMO LA REFERIDA A: LA MUERTE FISICA DEL SER HUMANO.

Carlos Slim

Al monopolista por sus millones
Y su riqueza mal acumulada
La calavera vino a castigarlo
Y se lo llevó la tostada

En su tumba al son de samba
La calaca está bailando
Pues de las cuentas de Telmex
La muerte se está burlando
“No me secuestres te lo pido”
Suplicó Slim a la vieja arpía
Quien sólo le contestó:
“Pues nunca creíste en la filan……………

Esta flaca de la guadaña no tiene miramientos ni diferencias yu todos volvemos al polvo,como lo dijo el Profeta David……….
MASA: de César Vallejo

Al fin de la batalla,

y muerto ya el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:

“No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando: “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: “¡Quédate, hermano!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar…

César Vallejo

Por algo no se ha llamado a este pate Peruano, EL POETA DEL DOLOR METAFISICO, su profundidad de mensamiento perdiraran para siempre , en el corazon humano. :

Con la mayor modestia, quiero referirme y agregar otro poema del Insigne César Vallejo, el bate Trujillano, que muy pocos han escrito con tanta inspiración, sobre la muerte y otras condiciones humanas, que nos conducen a obscultar la profundidad de nuestro espíritu. Como el poema “MASA”:.Se inicia describiendo de una manera distante a un combatiente muerto y se finaliza con la humanidad en el escenario obrando el milagro de su resurrección. Efectivamente, van saliendo a escena, primero, un hombre, luego dos, veinte, cien, mil y, finalmente, quinientos mil millones de individuos; esto es, todos los hombres de la tierra.

Cada escena incluye los diálogos correspondientes a esos individuos o grupos que van saliendo y que comparten un mismo deseo: que el cadáver viva y venza así a la muerte; su destello se ofrece como un elemento común que aparece en las distintas partes del poema, manteniéndolas en relación y dando unidad al texto.

« ¡No mueras, te amo tanto!
« ¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
« ¡Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
« ¡Quédate hermano!»

Los signos de exclamación quieren expresar la gran fuerza de ese deseo, pero la pétrea y repetida respuesta a este incremento de personas con un anhelo común es siempre la misma: la terca victoria de la muerte expresada poéticamente en un verso que se sucede hasta cuatro veces como conclusión, casi como un suelo de piedra en el que se precipitan lo sueños: “Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo”. El “pero” es adversativo, nos habla tanto de la derrota del esfuerzo como de la victoria de la muerte, representada por el cadáver. Mas si el cadáver ya está muerto y, por lo tanto, lo lógico seria describir no que siguió muriendo, sino que seguía muerto. Al expresarlo de esta forma se logra un cortocircuito en nuestro pensamiento, porque traspasa la línea que separa los conceptos de vida y muerte en varios sentidos o direcciones.

Como hemos dicho, si es cadáver consecuentemente tendría que estar ya está muerto, por tanto el verso alberga una paradoja (resuelta al final) que parece una contradicción o un imposible. Además, al cadáver se le otorga una acción: es sujeto de un extraño predicado: “sigue muriendo”; es decir, mediante este simple tiempo verbal (el pretérito de seguir: “siguió”, y el gerundio de morir: “muriendo”) desnaturaliza la esencia de la muerte. Segunda descarga en nuestra concepción intelectual o lógica: uno puede estar muriendo un tiempo más o menos dilatado, pero no seguir muriendo, porque morirse es algo radical, un instante hecho línea que una vez traspasada acaba con el propio tiempo.

Estos dos extremos (un cadáver que hace cosas y un muerto que no para de morirse en eterna agonía) se unen por una interjección: “¡ay!” (única expresión subjetiva del poema), que sugiere no solo dolor, sino la melancolía, desde el conocimiento, de que la acción descrita no puede producir otro resultado, como ya nos advertía el citado “pero”, al que refuerza.
Con la repetición de este verso al final de cada escena se logra, además de un ritmo interior, trasladar un postulado científico: un experimento dado para verificarse debe dar un mismo resultado en sus distintas variables. Desde esa visión objetiva, el poeta se limita a constatar la misma reacción una y otra vez a las distintas acciones practicadas consistentes en la aplicación del mero deseo o de la súplica. De hecho, la fórmula teatral utilizada, recogiendo expresiones y sentimientos de otros, colabora con esa visión objetiva en la que el autor no canta sus cuitas sino que nos cuenta que el resultado de soñar o suplicar no hace que lo que muere pueda volver a la vida.

El poema se estructura en cinco estrofas, dos cuartetos, al principio y al final, y tres tercetos, que sin una rima ni una medida preestablecida de versos consigue, a través de los acentos y las terminaciones, una musicalidad y un ritmo en su lectura al que no es ajeno el recurso a este final reiterado, “pero el cadáver-ay- siguió muriendo”, que desaparece en el último cuarteto, haciendo que se abra el horizonte en unos puntos suspensivos.

Acto final

El propio método científico al que hacíamos referencia da lugar, introduciendo una variable cualificada, a un gran descubrimiento. Para ello ha roto la secuencia de ir incrementando poco a poco el número de espectadores o compañeros del combatiente y los ha elevado a su máxima potencia, que es la humanidad entera. Para que eso ocurra el autor ha tenido que dejar de ser mero notario de la realidad para subirse a escena y el espectador (el lector) también. Todos están (estamos) allí formando parte de un hallazgo que no necesita implorar. Nos basta estar allí, esa es nuestra fuerza y por eso nada pone el autor en nuestra boca de manera entrecomillada o entre exclamaciones. Nuestra presencia es milagrosa. Si estamos todos unidos, venceremos a la muerte, que es la metáfora de que se puede alcanzar lo imposible, lo sobrenatural, porque ha surgido una nueva fe.

Es evidente el paralelismo de este poema con el Evangelio según San Juan cuando nos relata la resurrección de Lázaro y en el que Jesús proclamaba: “yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá.” Tras decirle la hermana de Lázaro que ya hiede, le contesta Jesús, antes de obrar el milagro “¿no te he dicho que el que creyere verá la gloria de dios?”. Estamos en 1937 y hay un nuevo credo. Sólo la humanidad, toda la humanidad, puede obrar el milagro, y para hacerlo necesita hacerse o ser masa, como fuerza transformadora. El milagro no se produce por los rezos, que no han resucitado la carne, sino por la acción revolucionaria y fraternal de una humanidad que ya no ruega .Y la fe ya no recae en un Dios, es una fe colectiva de todos y para todos, para cambiar la tierra desde la solidaridad, no para esperar el cielo.
Un año después, el autor se morirá en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo, como lo predijo en uno de sus poemas.

Por algo no se ha llamado a este pate Peruano, EL POETA DEL DOLOR METAFISICO, su profundidad de pensamiento perduraran para siempre , en el corazón humano

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