EL CORDON DE POBREZA, Y DELINCUENCIA QUE RODEA LIMA

EL CORDON DE MISERIA, POBREZA Y DELICUENCIA QUE RODEA LIMA.
ES UN PELIGRO A CORTO PLAZO.
Encogida sobre los contrafuertes arenosos de las colinas de la periferia norte de Lima, la Ensenada de Chillón y sus alrededor de 23.000 marginados sobreviven entre una maraña de chapas y cartón, devastados por la miseria y el olvido. Al volante de su viejo Oldsmobile, el doctor Ore atraviesa desde hace doce años este barrio pobre para atender a los excluidos y ayudarlos mediante la aplicación de un programa de planificación familiar. “La falta de infraestructuras, como el agua corriente o las cloacas, sumada a la contaminación, la humedad, la mala alimentación y las difíciles condiciones de higiene, provocan graves enfermedades. El elevado precio de los remedios hace que las personas abandonen las medicaciones y se conviertan en enfermos crónicos, resistentes a los tratamientos”, señala. El progreso está como cristalizado sobre esas dunas de arena que siguen recibiendo desheredados. “Perú es un país con futuro”, clama sin embargo la propaganda oficial sobre las áridas colinas. Más allá, en las paredes polvorientas de la capital, se repite la misma leyenda, escrita con letras rojas…
Originada en la explosión demográfica que produjo la gran migración hacia las ciudades, el cordón de pobreza que rodea Lima no ha cesado de crecer desde los años 70. Producto puro de un fenómeno de exclusión generalizada, La Ensenada forma parte de los 14 distritos más pobres de la capital, comúnmente llamados “pueblos jóvenes” o “asentamientos humanos”. Efectivamente, aquí llegaba de todo, pero sólo a través del gobierno. Desde 1992 el “fujimorismo” se convirtió en una especie de brazo oculto que penetra en lo más profundo de la sociedad, aportando a la vez cierto progreso y una cuota sistemática de violaciones de todo tipo. De lo social a lo político, el sistema se funda en una mezcla sutil de paternalismo y autoritarismo, uno de cuyos ejemplos más acabados es La Ensenada. La masa popular se convirtió en autómata, sin autoestima, a vivir de la limosna. Alrededor de 70.000 madres de familia y 14.000 presidentas trabajaban en los comedores populares, recibiendo a cambio cuatro a cinco raciones de alimentos por día. A razón de 90 comidas diarias cocinadas en cada establecimiento y vendidas al equivalente de medio dólar. Envileciendo a esa burocracia del PRONAA y algunas dirigentes de los comedores populares. Las consecuencias, envileció a ese núcleo humano encerrada en la pobreza, l objeto de una extorsión constante y flagrante. El gobierno de Fuji, asistió y controla sin cesar, el suministra alimentos con el protervo fin de obtener así, un rédito electoral: “Los controladores enviados por el gobierno nos piden que apoyemos al “padre que da de comer”. Hasta nos impiden poner en la entrada de los comedores otros afiches políticos que no sean los de Fujimori: para ellos, nuestros comedores son propiedad del gobierno”, relata Irene, una habitante de La Ensenada.
Los miembros del PRONAA, de esa nefasta época, por supuesto, rechazó esas acusaciones: ” Se nos sospecha de oportunistas, arguyen en su defensa, pero no es verdad, lo cierto es que se llenaron los bolsillos de plata del Estado, con fines de ilícito lucro y en pro del Chino Chino. Puente Piedra, el distrito del que depende La Ensenada, contabilizó en mayo el mayor porcentaje de votos para Fujimori. Un resultado que no parece asombrar a Pablo, un asistente social: “Es normal, la gente cree en los molinos de viento. Se les prometen víveres, terrenos, se los atrapa por el hambre. Si se puede vender coca en la tele, ¿por qué no se podría vender a Fujimori?”. Que el porcentaje más elevado de partidarios de Fujimori se halle en Lima, en los sectores pobres de la población, se debe a que el presidente supo utilizar las palancas del poder “para alimentar una relación de clientelismo perverso entre el Estado y el ciudadano. Relación que puede prolongarse, ya que los pobres toman más en cuenta las promesas que el mensaje democrático en sí mismo”, precisa Hernán Chaparro, del instituto de encuestas Apoyo, uno de los más serios del Perú. Igual en los pueblos jóvenes del Cono Sur de Lima. De ahí a partido esta juventud ociosa, que cree que su único modus vivendi, es integrar las pandillas y la delincuencia rateril, que no cree en nada ni nadie. Sin espíritu de creación ni/o superación alguna. La situación de esta juventud y niñez ha inspirado a JULIO RAMON RIBEYRO –
Para el argumento del libro “los gallinazos sin Plumas”, en donde narra el trascurso de la vida de dos niños, Efraín y Enrique, dos pequeños hermanos, criados por un perverso abuelo, se llamaban don Santos y ese tenía un chancho llamado pascual. El abuelo siempre levantaba a sus dos nietos para que trajeran comida en latas para el hambriento marrano. Pero lo que traían los dos niños, para el abuelo era poco y siempre se quejaba de que Pascual estaba flaco y que necesitaba mas comida. Ellos tenían que traer comida de los basurales. Un día, Efraín se corto la planta del pie con un vidrio cuando regresaba del muladar trayendo la comida a Pascual. Al que no le importaba para nada, la educación ni la salud de estos menores que se consiguieron un perrito, al que llamaron Pedrito. Un aciago día este diabólico abuelo, levanto a su nietos, que se encontraban delicados de salud, los envió al muladar, con varias latas de comida, para alimentar al marrano. Al volver Enrique con los cubos llenos de comida, el chancho había devorado al perro pedrito Enrique lloró por Pedrito y se enfrentó a su abuelo, a quien lo empujó al chiquero, siendo devorado también por el cochino. Enrique y Efraín huyeron a incrementar y pulular dentro los el pandillaje, que ya estaba incrementándose en Lima, pandillaje y delincuencia que han sido principales protagonistas de los funestos acontecimientos ocurridos en el mercado de la Parada en Lima. Estos Gallinazos sin plumas, cuando bajan al centro de la ciudad, se convierten en desalmados buitres sin alas, que no tienen piedad alguna. Son el reflejo y espejo de la crueldad y descuido de su niñez y juventud. La astucia de una “política social” de chantaje que practicó el Fujimorismo, en forma descarada que aunque la opinión de los propios “beneficiarios” muestra los límites de esta política del siglo XIX, un populismo de concesiones precarias y máximo garrote.
El Actual Gobierno, tiene que practicar e intensificar a fondo su política de inclusión social, tratando de todas maneras enmarcarse en la política de dialogo y mas dialogo, para estimular la autoestima del Pueblo Peruano, para que salga del marasmo en que se encuentra y salir así, de los atajos y candados tan terribles que le han dejado sus antecesores en el gobierno.

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