HUELA BLANCA MAGISTRDOS

CASO UNICO EN EL MUNDO.
CONDICIONES ETICAS DE AUSTERIDAD Y JUSTICIA DISTRIBUTIVA DE UN MAGISTRADO.
La esencia ética de austeridad de un magistrado y el criterio de actuar con desprendimiento en su función, bajo el lema de justicia retributiva y distributiva, deben ser sus principios informativos de primer orden.
En cuanto a la austeridad, debe ser probo, honesto en cargo “dar a cada quien lo que le corresponde; no para enriquecerse, eso es un crimen, porque la justicia es un atributo Divino, por eso creo necesario refrescar sucintamente, algunos aspectos las condiciones éticas y de austeridad que deben observar los hacedores de justicia.
Ante la quiebra de valores en la actualidad, y la terrible inseguridad ciudadana que venimos sufriendo los peruanos, es necesario que todos estemos obligados a analizar los ideales que nos han llevado a elegir la actividad técnica, profesional de los magistrados.
La conciencia moral es una fuerza de freno que permite al , magistrado poner en juego su mejor yo, al servicio de una causa justa, donde no haya intereses mezquinos, donde el interés individual sea postergado, para dar paso al interés de las mayorías, al de los grupos, es decir de la comunidad.
Es notorio que la mejor garantía del éxito profesional la constituye el leal y escrupuloso cumplimiento de los deberes. El público por un instinto defensivo, tiene horror de los autómatas, que no tienen responsabilidad, ni amor al ejercicio consciente de la profesión.
Por lo tanto, creemos que en la década presente, en la que hay alteraciones sociales en todo el mundo, debemos motivar a los magistrados para que sean capaces de realizar su labor dentro de un alto sentido de responsabilidad, honradez, justicia distributiva y veracidad, entregándose a la sociedad de manera integral con suma austeridad. La ética estudia los valores, es decir, todo aquello que las personas desean, consideran importante de hacer o conformar su manera de ser (su personalidad. Los seres humanos, por ser libres, vamos formando nuestro carácter, es decir, la manera habitual de ser y hacer, mediante nuestros actos, la formación del carácter presenta una doble dimensión: en primer lugar, con cada acto elegimos una entre varias posibilidades, como ejemplo; en este momento puedo poner atención a las clases o utilizar mi tiempo para escribir algo que me interesa, o no poner atención, ni respetar el tiempo de otros, o fastidiar al maestro o a mis compañeros, etc., en segundo lugar con cada acto configuramos la conducta habitual: quien roba se hace ladrón, quien miente se convierte en mentiroso, quien estudia se convierte en estudiante. Haciendo el mal, adquirimos hábitos negativos (vicios) y nos hacemos personas negativas o viciosas; haciendo el bien adquirimos hábitos positivos (virtudes) y nos hacemos personas buenas, correctas o virtuosas.
. Ya los grandes filósofos como Platón y Aristóteles, estudiaron con amplitud entidades como la justicia, el bien, la responsabilidad, la moderación, la libertad, etc., a las cuales las designaremos como valores morales.
La historia de la filosofía reconoce como iniciadores formales de la axiología a los filósofos del siglo XIX, Herman Lotze y Friedrich Nietzsche, difundieron como señala Francisco Larroyo, las frases que se emplean en nuestro tiempo por ejemplo: validez del valor, tabla de valores, trasmutación de valores, y otros.
La mayoría de las personas no sabe qué son los valores: pero reconoce lo valioso de los objetos, pues los valora y se decide, al elegir o tener preferencia más por unos que por otros.
Los valores no existen por sí mismos, al menos en este mundo: necesitan de un depositario en qué descansar. Se nos presentan por tanto, sólo como cualidades de esos depositarios: la belleza de un trofeo, la hermosura de la rosa, la utilidad de una herramienta, la armonía de una escultura, en lo anterior existe cualidades para la existencia misma del los objetos, el volumen, el peso, la exactitud, la extensión, como ejemplo. Ninguno de estos objetos podría existir a la falta de esas cualidades. Son cualidades que los objetos comparten con los demás objetos y que ellos mismos poseían antes de que se les incorporara un valor.
La moral “Ciencia práctica de modo especulativo, cuyo objeto formal está constituido por la moralidad de los actos humanos, es decir, por su conformidad o disconformidad con los valores morales…” (RENE SIMON. Moral. Curso de Filosofía Tomista. Cuarta Edición ampliada. Barcelona, Editorial Herder. 1981).

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Un mismo acto o producto humano puede ser valorado, por tanto, desde diversos ángulos en cuanto que en él se encarnan o realizan distintos valores. Pero, aunque los valores se conjuguen en un mismo objeto, no deben ser confundidos. Esto se aplica de un modo especial a los valores morales y no morales. Hay que tener presente que los valores morales sólo se encarnan en actos o productos humanos, y, dentro de éstos, en aquellos que se realizan libremente, es decir, consciente y voluntariamente.
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La moral tiene como finalidad darle al hombre normas seguras, para que lo dirijan, de acuerdo a su libertad, a la consecución de su propio bien y teniendo como base la razón humana.
3.1.- ESTRUCTURA DEL ACTO MORAL.-
Siguiendo la estructura que presenta Adolfo Sánchez Vázquez (SÁNCHEZ VASQUEZ, ADOLFO. Ética. México: Editorial Grijalbo. S.A., 1979.), se pueden distinguir los siguientes elementos que integran el acto moral.
1. Primer elemento del acto moral es el sujeto moral. Es el individuo dotado de conciencia moral, es un ser concreto, ubicado en una determinada circunstancia histórica y social, por ello también se le llama sujeto real.
2. Motivos o intenciones. Cuando nos preguntamos qué es lo que nos lleva a actuar o perseguir un determinado fin. Se puede decir que un mismo acto puede realizarse por diferentes motivos: buenos o malos, conscientes o inconscientes. Pero, en todo caso, los motivos inconscientes están fuera del mundo moral, por lo que, el acto moral, se centra solamente en los motivos conscientes del sujeto. Las teorías motivistas o de las intenciones consideran que lo bueno de una acción descansa en los motivos de un sujeto. Como representante está Kant. Según la teoría motivista, se puede hablar de los actos que son realizados con buenas intenciones, pero cuyos resultados no son por diversas circunstancias, buenos o positivos.
3. Conciencia del fin que se persigue. Es aquello que se entiende como la anticipación ideal del resultado que se pretende alcanzar. Este momento del acto moral es vital para cualquier sujeto, puesto que todavía no se ha realizado efectivamente, pudiendo, así, orientarlo hacia un sentido u otro. Así por ejemplo: dos alumnos visitan a un compañero de clase que está enfermo:
• El primero espera que su visita reconforte y apoye moralmente a su compañero.
• El segundo, espera que mediante su visita, su compañero (enfermo), que es el líder de los estudiantes, lo tome en cuenta para poder ocupar una cartera política en el estudiantado.
4. Decisión. La decisión le otorga al acto moral su carácter autónomo y voluntario, ya que la decisión debe ser la expresión de la propia voluntad y responsabilidad del sujeto, y no de la voluntad ajena (heteronomía. Definiendo la decisión como la capacidad que tiene el sujeto para actuar por sí mismo, en concordancia con lo que cree que es la mejor elección o alternativa
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3.2.- CONDICIONES DE LA RESPONSABILIDAD MORAL.-
¿Quién es el agente moral? Para Paul Ricoeur (RICOEUR PAUL. El Discurso de la Acción, Pág. 101.). “El agente moral es aquél que no sólo es identificable, que es responsable, sino más fundamentalmente todavía aquél que hace que se produzca la acción, aquel que plantea sus actos”. De esta manera, podemos decir que el agente moral es la persona que ejecuta, que hace o que produce la acción sobre la base de una norma moral, que es prescrita como un deber ser.
Es, pues, el agente moral, en este caso el magistrado, sin necesidad de que alguien mande, el que finalmente decida y elija actuar (o no) conforme a una norma moral; es decir, operar en forma autónoma, pero teniendo en cuenta los principios ya citados de: “Considerar al hombre como un fin y no como un medio” (dignidad humana) y el de “no perjudicar a terceros con nuestras acciones” (No – arbitrariedad); estableciéndose, así, una relación del hombre hacia el hombre, de un ser hacia otro. De ello se deduce que, hablar de las obligaciones hacia sí mismo, significa tener en cuenta las obligaciones respecto de los demás.
La ética y la moral se relacionan, veamos desde sus orígenes etimológicos: moral procede del latín mos o mores “costumbre”, en el sentido de conjunto de normas adquiridas por hábito. Tiene que ver con el comportamiento adquirido, o modo de ser conquistado por el hombre. ética proviene del griego ethos, que significa “modo de ser” o “carácter”, “costumbre”, el modo de conducta no responde a una disposición natural, sino que es adquirido o conquistado por hábito.
La ética puede definirse como: “la ciencia de los actos humanos considerados en su orientación hacia el fin último..” . O también, la ciencia normativa de la conducta humana a la luz de la razón (RENE SIMON. Moral. Curso de Filosofía Tomista. Cuarta Edición ampliada. Barcelona, Editorial Herder. 1981. Pág. 37).
También se ha definido con frecuencia la ética como la doctrina de las costumbres. Así mismo, existen varias definiciones sobre ética, así tenemos:
Bajo esta perspectiva podemos decir que la ética es aquella disciplina filosófica que estudia los principios y valores de los bueno y lo malo.
El objeto de la ética como ciencia filosófica, es definir y explicar el conjunto de principios y valores que nos sirven de base para sostenerle comportamiento y las formas de vida a través de las cuales, en este caso el magistrado, tiende a emplear los valores profesionales y humanos, lo plenamente bueno, conforme a la razón y a los lineamientos de su profesión.
El objeto material de la ética, son los actos humanos; el objeto formal es el orden que debe existir en estos actos humanos. La ética no crea normas, sino que las descubre y explica. Al guiar al hombre en los valores y principios que han de orientar su marcha en el mundo, afina y desarrolla su sentido moral e influye de este modo en su conducta.
El funcionario público con poder trascendente como el que ejerce un juez, tiene que partir de una conciencia del bien antes que del mero enunciado del deber, pues es tarea u objetivo importante de la ética hacer que el hombreen este caso el juez o fiscal, sea capaz de reconocerse en sus propios actos, inclusive, podríamos parafrasear a Zaratustra cuando refiriéndose al hombre y sus actos decía “ahora me veo a mí mismo por debajo de mi”, conclusión a la que puede llagar un juez honesto analizando su sentencia y detectando en ella sus deficiencias.
LA ética es una ciencia práctica porque su objetivo material resulta ser el obrar humano no siendo meramente especulable, sino algo operable y como tal puede ser planeado, dirigido, ejecutado y evaluado; como ciencia reflexiva la ética convierte a cada hombre en objeto y sujeto de estudio para verse y analizarse en sus propios actos; en ambos aspectos, la ética como práctica y reflexión resulta siendo de suma utilidad por su proyección perspectiva; para Aristóteles la ética es un “saber práctico”, él dice que no se estudia ética “para saber qué es la virtud, sino para hacernos virtuosos y buenos; de otra manera sería un estudio completamente inútil”, y estas frases de Aristóteles cifran la meta de la ética de hacer posible que el hombre actúe en función del bien, de lo bueno, en otros términos que se realice en su acción moral.
La ética del magistrado o ética aplicada a la función judicial, no es sino la aplicación de la ética general al quehacer de juez o fiscal; Antonio Peinador Navarro, en su tratado de moral profesional, según cita de Luis Vigo señala que “la moral profesional es una aplicación de la moral a la profesión o mejor al profesional. No han de ser, ni pueden ser, distintos principios de razón o revelados que rijan la vida moral del profesional, en cuanto tal, de los que han de regir la vida de cualquier mortal, puesto que la moral como la verdad no puede ser más que una”.
La ética del magistrado, contiene cuatro presupuestos, que lo constituyen: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza para lograr un resultado final, en el que se concreta la equidad.
Conviene ocuparnos de cada uno de estos presupuestos, que van a definir en última instancia la forma de pensamientos y acción del magistrado.
5.1.- LA PRUDENCIA Y LA AUSTERIDAD
La prudencia, es la virtud cardinal o facultad intelectual, cognoscitiva, imperativa, perfectiva, fundamentalmente práctica, que constituye la razón del actuar bien del magistrado judicial, o bien de los miembros del Ministerio Público. La inteligencia humana tiene dos formas de expresarse, constituidas por las dos formas de razón; como razón teórica, la inteligencia busca el acopio de información, el conocimiento, en el caso del juez o el fiscal puede concretarse en el conocimiento dogmático jurídico, en el dominio informativo del hecho justiciable, así como de las pruebas para su correcta valoración; y la razón práctica como expresión concreta, objetiva y externa, en otros términos como materialización en la acción moral, esto es en el acto procesal concreto del caso. Por ejemplo: la sentencia, la diligencia de conciliación, el auto apertorio, que tendrán la calidad de acto moral y expresión de prudencia judicial, si están debidamente motivados, esto es, si son capaces de concretar sus justificaciones objetivas. Es así como opera la prudencia, integrando la razón teórica o cognoscitiva con la razón práctica o imperativa, que se materializará en el acto procesal. La prudencia tiene dos elementos: por una parte la cautela que se manifiesta en el plazo razonable para la plasmación del acto procesal, y la providencia como otro elemento por el que juez o fiscal deben tener una visión o proyección de los efectos del acto procesal que dictan, este segundo elemento esta en función de la esfera macro moral a la que se refiere Karl Otto Apel; por la providencia el magistrado puede valorar los beneficios o perjuicios de su decisión, actualmente en nuestro medio se habla en función de este elemento de la prudencia, como la convicción del impacto social positivo que debe tener cada acto procesal decisional. Y la austeridad, como norma ejemplarizadora, ¿como puede juzgar un rico a un pobre si no conoce la pobreza?
Y esto es un palo para estos acartonados funcionarios públicos, que se han olvidado de estos principios, y presionan a los encargados de planificar la economía del Estado, para percibir sueldos que decuplican los sueldos de los olvidados, profesores, policías y otros empleados del Estado y se declaran en una huelga que ellos llaman BLANCA saliendo a las calles con las insignias de mando en el ejercicio de su función, sin tener en cuenta el principio de JUSTICIA DISTRIBUTIVA Y RETRIBUTIVA, siendo Jueces y parte, caso inédito en el Mundo, sin tener en cuenta QUE DONDE EL HOMBRE NO CUENTA CON ESTA JUSTICIA SE LA TOMA CON SUS PROPIAS MANOS. QUE FALTA HACE UN CANSILLER DE HIERRO OTTO VON BISMARK Y QUE CRISTO QUE BOTE A ESTOS MERCADERES DE LA JUSTICIA, DE SUS PALACIOS A LATIGAZOS Y GARROTAZOS

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